Querida yo,
Sé que te duele el pecho y que a veces sientes un nudo en la garganta que no sabes cómo desatar. Sé que hay días en los que te preguntas si estás pidiendo demasiado, si eres demasiado intensa, si tu forma de sentir es un error. Te juzgas con dureza, como si amar con profundidad fuera algo de lo que avergonzarse.
Te aferras porque tienes miedo. Miedo a quedarte sola, a que el silencio vuelva a ocupar el espacio que alguien llenó aunque fuera de manera intermitente. Cuando te dan cariño, aunque sea a ratos, tu cuerpo se calma, tu mente descansa, y por un momento sientes que todo vale la pena. Y cuando eso desaparece, te rompes por dentro pero finges que estás bien, das espacio, te callas, te haces pequeña para no molestar.
No eres débil por sentir así. Tampoco eres “una obsesiva de mierda”, aunque a veces te lo repitas. Eres alguien que siente con intensidad porque aprendió que el amor podía irse de un momento a otro. Por eso te aferras, por eso te cuesta soltar incluso cuando duele. No porque seas insuficiente, sino porque estás intentando sobrevivir emocionalmente con las herramientas que tienes.
No es tu culpa que alguien sea cariñoso por las noches y distante de día. No es tu culpa que palabras bonitas se mezclen con frases que lastiman. No es tu responsabilidad soportar el desprecio para no perder la cercanía. El cariño que te hace bien no debería venir acompañado de humillación, indiferencia o confusión.
Una parte de ti aún espera que te entiendan, que se den cuenta del daño que causan. Otra parte empieza a cansarse y solo pide que no se vayan. Ambas partes existen, y ninguna es tonta. Están intentando protegerte.
Algún día vas a aprender que no necesitas depender de alguien para sentirte viva, que no hace falta que otra persona te elija para que tú tengas valor. Pero no te apures: sanar no es un salto, es un proceso lento y torpe, lleno de recaídas. Y está bien.
Prométete algo: no dejarte sola a ti misma para que otros se queden. No abandonar lo que sientes solo para ser más fácil de querer. Mereces un amor que no te haga dudar de tu existencia, que no te haga sentir una carga, que no te deje esperando migajas en la oscuridad.
Hasta que ese día llegue, abrázate con la misma intensidad con la que amas. No te odies por sentir. No te castigues por necesitar. Estás aprendiendo, y eso también es valentía.
"Mereces un amor que no te haga dudar de tu existencia."